Cómo aprender colorimetria capilar desde cero con Colorista Experto 2.0

Cuántas veces he mezclado un tinte convencida de que iba a acertar el tono a la primera, solo para acabar con algo que no se parecía en nada al dibujo de la caja. A mí me ha pasado más veces de las que me gustaría admitir, y es justo la pregunta que más me hacen las amigas que se animan a meterse en esto de la colorimetría capilar sin haber pisado nunca una escuela de peluquería.

Aviso rápido: en este blog hay enlaces de afiliado. Si haces clic en alguno y compras algo, me llevo una comisión y a ti no te cambia el precio ni un céntimo. Solo enlazo herramientas o cursos que he probado en mis propios experimentos de lavabo; no recomiendo nada solo porque me paguen por decirlo. Y ya que estamos con las aclaraciones: no soy peluquera ni tengo ningún tipo de formación oficial, solo unas cuantas tardes manchando toallas.

Es necesario entender la teoría del color antes de abrir un bote de tinte

La respuesta corta es sí, aunque tampoco hace falta un máster. Llevo tiempo trabajando con teoría del color en mis ilustraciones, y durante mucho tiempo di por hecho que el pelo se comportaría como una capa en Photoshop: pones el tono encima y ya está. No es así (por mucho que lo desee mi cerebro de diseñadora).

Durante bastante tiempo cogía el tinte directamente de la caja y me lo aplicaba sin más, sin fijarme de verdad en cuál era mi base de partida real, y el resultado casi nunca coincidía con lo que prometía el envase. Ahora, antes de mezclar nada, dedico un minuto a mirar bien qué tono tengo de verdad, no el que me gustaría tener. Ese paso, tan tonto como suena, es el que marca la diferencia entre acertar a la primera y pasarte la tarde corrigiendo.

Ahí es donde entra algo que en los cursos llaman fondo de aclaración: básicamente, el matiz que queda debajo cuando aclaras el pelo, y que decide si tu tono final se ve limpio o se tuerce hacia el naranja o el amarillo. No voy a entrar en el detalle técnico aquí porque para eso ya tengo pendiente otro artículo dedicado solo a ese tema, pero saber que existe cambia por completo cómo miras tu propio pelo antes de mezclar nada.

Bol de mezcla con manchas de tinte, un ejemplo de colorimetría capilar practicada en casa

Autodidacta vs. curso pagado: lo que cambia de verdad

Mesa con suministros de tinte y apuntes de teoría del color durante un aprendizaje autodidacta

YouTube me enseñó trucos sueltos, pero no una estructura. Iba saltando de un tutorial a otro sin entender por qué un paso llevaba al siguiente, que es justo el problema de aprender por tu cuenta a base de vídeos random.

En algún momento decidí probar un curso de pago, y elegí Colorista Experto 2.0 porque no prometía fórmulas mágicas — prometía explicar la lógica detrás del color, que era justo lo que me faltaba. La escala de niveles de tono me sonaba a chino cuando la veía suelta en un vídeo de diez minutos; con un curso que llevaba un orden, por fin encajó.

Antes de eso pasé una buena temporada con cajas de supermercado — me acuerdo especialmente de una de Schwarzkopf que se quedó en un amarillo pálido que no tenía nada que ver con la foto de la caja. Ese tipo de chasco es el que te hace buscar algo más serio.

Si quieres el detalle de cómo cambió mi manera de mezclar después de empezar el curso, tengo un post aparte sobre cómo mejoré mis mezclas de tinte con Colorista Experto 2.0 donde entro en más profundidad.

Aquí me quedo con la respuesta corta: si ya llevas un tiempo mezclando por tu cuenta y quieres dejar de cruzar los dedos cada vez, un curso estructurado compensa. Si solo buscas un truco puntual para una ocasión concreta, probablemente te baste con un vídeo suelto.

Manos con guantes sujetando un bote de agua oxigenada junto a una carta de niveles de color

Lo que sí diré es que no hace falta memorizar cada concentración de agua oxigenada que existe para empezar a aprender colorimetría capilar en serio: basta con entender que no todas sirven para lo mismo, y que usar la que toca según lo que buscas evita bastante disgusto.

El círculo cromático sí sirve en el lavabo de casa

Sí, aunque suene muy de manual de diseño. La primera vez que vi el círculo cromático aplicado al pelo pensé que era una chorrada teórica, hasta que me tocó corregir un tono con reflejos que no tocaban. Ahí es donde el color opuesto en la rueda hace su trabajo de verdad.

No me voy a extender aquí porque ya escribí sobre cómo usar el círculo cromático para corregir reflejos naranjas en casa, pero sí puedo darte el criterio que uso yo: si el reflejo que sobra tira a naranja, busco su opuesto en la rueda antes de tocar nada más. Mezclar a ciegas sin mirar primero qué tono sobra es la manera más rápida de liarla todavía más.

Círculo cromático dibujado a mano con muestras de tonos de cabello para practicar teoría del color

Cuando la técnica pesa más que la teoría

Entender la teoría es solo la mitad del camino. La otra mitad es la aplicación, y ahí entran las técnicas de balayage o el money piece, que no van de teñir un color plano sino de colocar la luz donde toca — algo que, como ilustradora, casi entiendo mejor que la parte química.

Fue en el módulo de técnicas más actuales de Colorista Experto 2.0 donde probé en serio el papel de aluminio para hacer mechas, no solo para tapar canas. La primera vez que retiré el papel para ver si el aclarado había llegado al punto que quería, sentí ese cosquilleo de no saber qué me iba a encontrar. A veces aclara más rápido de lo que esperas, otras se queda estancado en un naranja que no acaba de irse.

Mechón de pelo envuelto en papel de aluminio durante una técnica de balayage casero

Si el miedo es directamente decolorar pelo oscuro por primera vez, ya conté esa parte con etapas y todo en lo que aprendí al decolorar el pelo oscuro por primera vez — aquí no voy a repetirlo porque ya está contado allí.

Teñir a otra persona no es lo mismo que teñirte a ti

Practicar contigo misma tiene un límite: solo tienes una cabeza, y siempre es la misma fibra, el mismo historial de tintes encima. Por eso, cuando mi vecina Queralt Soler me preguntó un día si podía intentarle algo que había visto en Pinterest, dije que sí casi sin pensarlo. Desde entonces repite cada tres o cuatro meses.

Lo que más me ha enseñado teñir a otra persona es que cada cabeza reacciona distinto aunque uses el mismo tinte y el mismo tiempo de exposición, así que cualquier fórmula que aprendas en un curso hay que adaptarla mirando lo que tienes delante, no lo que dice el manual. Queralt, para su mérito, se conforma con un setenta por ciento del resultado si el proceso no le ha dañado el largo — y ese criterio suyo me ha enseñado a priorizar mejor: prefiero un tono que se quede un poco corto de lo pedido antes que arriesgar la salud de una melena que no es la mía.

Pagar por un curso compensa aunque haya tutoriales gratis

Para mí sí, pero depende de qué busques. YouTube es genial para trucos puntuales — una técnica concreta, un arreglo rápido de última hora. Si lo que quieres es dejar de cruzar los dedos cada vez que abres un bote de tinte, necesitas algo que te explique el porqué y no solo el cómo, y ahí es donde un curso estructurado gana terreno.

Existen otras opciones si quieres ir más allá: Colorista Experto, la versión original, es sólido para sentar las bases desde cero; y para quien quiere llevar esto más lejos que un hobby de tardes libres, está Transformación Total, aunque ese ya es un salto distinto, pensado para quien quiere vivir de esto. Yo, de momento, me quedo en mi nivel de aficionada avanzada, y si tuviera que recomendar un punto de partida a alguien que viene de la cultura visual y quiere resultados que no parezcan un tinte de peluquería de los noventa, sería Colorista Experto 2.0.

Lo que me llevo de todo esto

Resultado de un experimento de colorimetría capilar bajo luz cálida de baño

Lo que más me sorprendió, con todo esto, no fue ningún truco de mezcla sino algo mucho más simple: la primera vez que me pasé la mano por el pelo recién lavado y no noté esa aspereza que antes daba por normal después de teñir. Nadie te avisa de que ese es el verdadero indicador de que algo ha ido bien, no el tono en sí.

Mi hermana Mireia, que sigue insistiendo en lavarse el pelo antes de cualquier cosa aunque le diga mil veces que no hace falta, fue de las primeras en notar la diferencia cuando le tocó el turno a ella.

No aspiro a trabajar en un salón — sigo ilustrando de día y mezclando tintes de tarde en tarde — pero sí a tener control real sobre lo que me pasa en mi propia cabeza, nunca mejor dicho. Si vas a lanzarte, mi único consejo real es este: aprende primero a mirar tu propio pelo con honestidad antes de mirar la caja del tinte. Esa costumbre, más que cualquier curso, es la que evita la mayoría de los desastres.

Aviso: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.